Rodrigo Rettig

Rodrigo Rettig

Abogado, Magíster en Política y Gobierno. Su vida profesional se ha desarrollado entre el área pública y el derecho penal. Liberal igualitario, férreo defensor del combate a la desigualdad en sus distintas esferas.

Rodrigo A. Rettig Vargas, 37 años.

Abogado Universidad Finis Terrae, Magíster en Política y Gobierno de la Universidad Diego Portales, Postítulo en Derecho Penal de la Universidad Alberto Hurtado, Diplomado de Litigación Oral en Reforma Procesal Penal de la Universidad Finis Terrae y Diplomado en Compliance y Buenas Prácticas Corporativas en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Su vida profesional se ha desarrollado entre el área pública y el derecho penal, principalmente. Fue administrador municipal (alcalde subrogante) de la Ilustre Municipalidad de Futrono (2011-2012), Región de los Ríos, y Jefe del Programa Nacional de Denuncias Anónimas del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, «Denuncia Seguro» (2013-2016). Posteriormente, en sector privado se ha desarrollando en área penal litigando casos complejos de delitos económicos principalmente, primero a través del ejercicio libre (2016), siendo posteriormente asociado al estudio jurídico penalista «Picand & Ríos Abogados» (2017-2019)Desde marzo de 2019 emprende a través de la creación de su propia oficina.

Es columnista Diario El Mostrador y Diario Constitucional. Además, es conductor del Programa «Democracia Liberal» de www.radiotouch.cl, instancia que ya lleva un año al aire en dónde se conversa de política y contingencia, relevando la democracia como forma de gobierno y alertando sobre populismos surgidos en el último tiempo.

Representante de la corriente filosófica política del liberalismo igualitario, es un férreo defensor del combate a la desigualdad en sus distintas esferas (económica, de trato, género, etc) como aspecto central en el camino que se inicia de la década 2020-2030 para Chile. Todo, en línea con objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas.

Como diagnóstico explica que Chile en los últimos 30 años avanzó de manera relevante, pero a través de una mirada excesivamente economicista de la sociedad que solo reparó en datos macroeconómicos del país, dejando de lado la economía de los hogares. El origen etimológico de la palabra economía se encuentra en la palabra griega “okinomos”, que significa “administración del hogar”. En el Chile que se desarrolló entre 1990 hasta la actualidad, se abordó la economía del capitalismo, dejando de lado la de hogares, como eje conductor de las políticas del país lo cual es condición necesaria pero no suficiente del desarrollo. La Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central de 2017 (que lamentablemente se publica cada 3 años, pero curiosamente el crecimiento macro es analizado cada 3 meses), que evalúa el porcentaje de deuda del hogar sobre el ingreso que genera el mismo, nos indicó que los estratos más vulnerables de la sociedad pasaron de tener una deuda en relación al ingreso del 28.3% en 2007 al 62.5% en 2017, y sin dudas muchas de estas deudas son para cubrir derechos inherentes a la persona, siendo lo anterior objeto de una deseable segunda mirada a efectos de evitarlo o aminorarlo.

En este orden de ideas, comprende que para ejercer la libertad, las personas necesitan de un set de condiciones de vida material para ello, siendo éstas la salud, educación y pensiones, principalmente. Reconociendo estos derechos humanos (derechos sociales), legitimaremos las posteriores desigualdades futuras, las que quedarán en el ámbito de la irrelevancia sólo en la medida que los tres derechos antes señalados sean provistos de manera oportuna, eficiente y con aptitud suficiente para igualar los puntos de partida en la vida de las personas. No es deseable promover una igualdad total, eso es igualitarismo, pero sí es deseable promover lo igualitario en materia de DDHH, ya que la libertad y la igualdad son dos caras de la misma moneda que se llama justicia y bienestar. No son contrapuestos ambos valores, sino que se complementan.

En relación a la Constitución, buscará plasmar una carta magna más humana, que procure tener a la dignidad como aspecto central de su despliegue, con pilares referidos a la solidaridad y fraternidad anclados a la roca del país. Dicho ello, entiende que la Constitución no es tan solo un libro “que contiene artículos e incisos”, sino que constituye políticamente a la república. La política tiene que ver con el poder, evidentemente y, por tanto, son dos las dimensiones de comprensión cuando se habla de una Constitución y lo que vendrá en el proceso constituyente. En este sentido, abogará por una redacción más eficiente de los derechos fundamentales relacionados a la salud, educación y pensiones (respetando la propiedad y ponderándola debidamente con los otros derechos) en línea con las obligaciones de tratados internacionales ratificados por Chile que exigen el reconocimiento de los derechos sociales pero con progresividad, entendiendo que estamos en un tiempo histórico en que los ingresos nacionales permiten que sostengamos esta discusión.

En relación a la segunda dimensión de comprensión de una Constitución, promoverá una nueva forma de distribución del poder, más equitativa y que pondere de mejor forma los balances entre el Presidente de la República y el Congreso, explorando la posibilidad de generar un régimen semi presidencial, reconociendo también a pueblos originarios, piedra angular del nuevo Chile.

Así, si pudiera redactar el artículo uno de la nueva Constitución Política de la República, sugeriría lo siguiente:

“Chile es una República plurinacional, democrática y social. Promueve la prosperidad común, el desarrollo sostenible, la cohesión interna y la diversidad”


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